jueves, 8 de diciembre de 2016

La oscura risa de todos estos meses

“Pareciera que no aprendo más”. El hombre, tan delgado como siempre, observa el cielo desde la terraza de su edificio. El sol se esconde en una marea naranja y violeta. “Todo lo que había construido, desapareció de un plumazo, de un soplo, como si nunca hubiera existido”. Apenas escucha el ruido de los autos, su cerebro está enredado en un mar de pensamientos. Se pregunta cuándo va a aprender, cuando va a dejar de cometer esa clase de errores. Una entrevista, una sola entrevista alcanzó. Las fuerzas policiales ingresaron al canal y lo detuvieron; lo mantuvieron demorado en una comisaria durante toda la noche. Lo golpearon para obligarlo a dejar su activismo en contra del Gobierno; allanaron su casa y destrozaron todas sus cosas. Le bloquearon su canal en You Tube y le prohíben crear otro. Dar la cara, ese fue el error. La oscuridad le daba poder, lo hacía peligroso. Al darse a conocer, se convirtió en un hombre común. Se dejó ganar por la tentación de las luces de la televisión. Creyó que el Gran Medio era un juego más, algo de lo que podría salir ileso. No olfateó la trampa, se dejó obnubilar. Pensó que él los manejaba a ellos, pero siempre fue al revés. Ahora pasa gran parte de los días en la terraza. Siente un enorme vacío cada vez que ve las habitaciones vacías, de las cuales tuve que tirar todo lo destruido. Sentado contra una pared, observa como el cielo se oscurece. Chequea alguna actualización en el celular. Ya casi no tiene batería. Ve un título que le llama la atención. El vicio lo puede, aunque ya no lo entusiasma. A nadie parece importarle tanta ineficiencia. Hasta la oposición más radicalizada lo tildó de “Terrorista”, o calificó sus acciones de excesivas. Esto va a seguir así, porque todos manejan y reproducen el mismo sistema de valores y relaciones, se dice el hombre, si para vencer al Pro, hay que ser como el Pro, estamos fritos, ahora, nunca entendimos que la soberbia con la que nos manejamos es la que nos llevó a esto, a veces, el kirchnerismo representa la misma soberbia y el mismo conchetaje que el Pro, pero recubierto de una cáscara nacional y popular. Esto es un desastre, concluye el hombre, y va a empeorar. Hace rato que no se ríe; a veces, se sonríe con resignación ante alguna noticia, pero no más que eso. Vuelve a la pantalla del celular. La luz empieza a titilar, la batería está en un rojo furioso. El hombre suspira. Relee el título que le llamó la atención.
Marcos Peña afirma que el Gobierno no se dedicó a hablar mal de la gestión anterior.
Hay un video, lo abre. Sí, dice eso. No puede ser, no puede ser. El hombre siente que algo se le revuelve en las entrañas. No pueden tener tanta impunidad, no puede ser. Vuelve a mirar el video.
-Ustedes no le dijeron a la sociedad de la herencia que recibieron, porque era desastrosa- arranca Majul, con pelota dominada- no se la dijeron, porque yo he hablado con funcionarios del Gobierno, por dos razones, una porque tenían miedo de que la inicial ola de optimismo se convirtiera en pesimismo, y la segunda, porque se suponía que el Mundo no les iba a prestar, pero que no se lo dijeron, no se lo dijeron, claramente.
-Si mirás el discurso del primero de marzo, en el informe El estado del Estado, claramente lo dijimos- Marcos Peña completa la jugada- lo que no hicimos, que es una costumbre histórica de nuestro país, es dedicarnos a hablar mal del Gobierno anterior, nos dedicamos a trabajar, y el énfasis está puesto ahí, claramente.

No lo puedo creer, se dice el hombre. En estos dos meses, han terminado de matar a la verdad. La verdad no sirve, no existe. La cuestión es sostener un discurso más allá de toda demostración concreta. Ni siquiera puede sostener la coherencia. No, no hablaron mal del Gobierno anterior, sólo presentaron un informe de 223 páginas especificando todo lo malo que hizo el Gobierno anterior. Pero si sería eso nomás, lo dejaría pasar. El relato de este Gobierno se basa absolutamente en criticar lo hecho antes; no hay un solo argumento que pueda sostener ningún funcionario, adherente, periodista corporativo para defender las medidas del Pro que no contenga señalamientos a los desmanejos de épocas anteriores. Es insólito. El hombre se para y se acerca al parapeto de la terraza. Observa cómo termina de morir la tarde; observa el vuelo coordinado de las golondrinas. Algo le sube desde el estómago a la garganta. Lanza una carcajada sonora, demencial, una carcajada que acumula meses de reproches y frustración. Comprende que no puede pelear consigo mismo, con quien es. Si en treinta y ocho segundos le dieron tanta magia, las cosas que debe estar perdiéndose. El celular no tiene carga. No puede parar de reírse. De alguna forma, va a volver. Debe volver. 

miércoles, 7 de diciembre de 2016

La culpa es de los espíritus


El siguiente texto fue escrito de forma no humorística por una persona que suponemos real; los agregados en paréntesis y cursiva son algunas consideraciones mías.

Todo tipo de violencia, son producidas por los espíritus. (bien, comenzamos bien, con un error de concordancia grande como el Monumental)
La violencia de género, es un problema que no se puede solucionar ni se va a solucionar, ya que los que tienen que tratar el problema, no le encuentran la vuelta ni la van a encontrar, (este hombre va a hablar del problema de fondo, a pesar de su escasa elocuencia) porque no creen que existan los espíritus, (¿Qué carajos? Lo leo con atención) si uno sabe que no existen, ni siquiera lo tienen en cuenta que pueden ser los causantes de sus problemas. ( Wow, es increíble lo mal redactada que esta la oración anterior) No se podrá hacer nada, si no se lo hace con el poder de Dios, (continúe) pero la mayoría de la gente, no cree que Dios sea real, aun los creyentes, no se animan a confiar en Él (dos cosititas chiquitas, ameo, una cosa es plantear si Dios es o no real y otra si debemos confiar en él. Por caso, yo creo que Prat Gay es real, ahora, eso sí, no confío en él)
Los espíritus (que no existen según la ciencia) (el innecesario paréntesis anterior fue puesto por el redactor original) actúan de muchas formas. Toda debilidad que tenga una persona, es un espíritu, (la kryptonita) la debilidad, es algo con lo que uno no puede luchar, (es una buena definición, hay que admitirlo) Por ejemplo, el cigarrillo, la droga, el alcohol, la violencia, la mentira y muchas otras cosas, (me parecería pertinente que se especifiquen cuáles son esas “muchas otras cosas”, pero bueno, no importa) lo cual, la gente ni se imagina, que están actuando dentro de uno. (a ver, amigo, voy a hacerle una pregunta ¿es la gente o es uno el que no se imagina?) Los espíritus, actúan como un pensamiento dentro de la persona, (ay, mamá) por ejemplo, el que se droga piensa, que es uno mismo que necesita drogarse, pero en realidad, es el espíritu que necesita que la persona consuma, (alarma de pensamiento paranoico) si la persona o el joven (como todos sabemos el joven no es persona) no lo hace, se produce en la persona (o en el joven) el síndrome de abstinencia, pero es el espíritu, el que se siente mal, la persona, no puede discernir que no es él,(bien, entonces, la persona no es la persona, es el espíritu que no es persona que se hace pasar por persona, sin que la persona no se dé cuenta que no es persona sino espíritu, y el espíritu sabe que es espíritu y persona al mismo tiempo. Creo que lo entendí) el que produce todo ese acto de violencia, ellos no entran, si las personas no les dejan entrar, por eso viene primero la tentación una ves que se entró en la tentación, entra el espíritu,(chau, listo) entonces, uno se vuelve adicto. (cerrá la puerta que se te entra el espíritu)
La violencia de género. (punto) Es causada por un espíritu, (creo que no correspondía un punto antes) que no es exclusivo del hombre, también puede entrar en la mujer. (inserte chiste guarro aquí) Ellos entran en las personas, por algún trauma de niño, por pactos de los padres creyendo que lo hacían para Dios, (este motivo requiere un análisis pormenorizado, ¿Qué clase de pactos de los padres?¿no se daban cuenta que era algo malo?¿creían que sacrificar una gallina a la medianoche de un martes 13 era algo positivo para el niño?) por una experiencia personal negativa, por enojos momentáneos, (es bastante laxa la burocracia espiritual) son los momentos que son aprovechados por los espíritus para entrar en las personas, entran por la boca, pero también pueden entrar por el cuerpo, (más allá del chiste obvio, la boca es parte del cuerpo, hasta donde yo sé) pueden atravesar cualquier material, (sí, son espíritus, son inmateriales, dios, no me haga enojar) son como el aire, pero no son aire, (sé que esto puede resultar un poco quisquilloso, pero al decir que “son como el aire” está realizando una analogía, por lo cual está implícito que “no son aire”. Al realizar la aclaración, la oración se vuelve redundante) son reales, solo que no podemos verlos, (otra vez, ya dijo que atraviesan cualquier material, son como el aire y ahora que no podemos verlos, ¿POR QUÉ NO DICE, SENCILLAMENTE, QUE SON INMATERIALES?) muchos son muy peligrosos, por eso hay tanta violencia. (significa que hay espíritus buenos, supongo) La violencia de género sucede, porque las personas que tienen ese espíritu, en el momento de enojo, toman control de ellas, haciendo que reaccionen violentamente, en ese momento, la persona pierde el control de sus actos, uno puede convertirse en un instante, en el asesino de su mujer, su novia, una madre puede matar su hijo, como paso muchas veces. (no puedo dejar de imaginarme a alguien frente a un tribunal diciendo que fue poseído por un espíritu inmaterial, imposible de diferenciar de sus supuestos básicos instintos)
La gente no sabe de esto,(somos ciegos ante la verdad) porque no hay quien le diga lo que está pasando en su vida, a los espíritus no les interesa las marchas, (obviamente) no les preocupa las marchas, (imagino un bar de espíritus donde se juntan a escabiar y charlar sobre lo poco que les preocupan las marchas) por eso, no disminuye la violencia contra la mujer, lo mismo la droga, la inseguridad, la corrupción, por que es un problema de espíritus, (entonces debemos entregarnos al descontrol, imagino) solo con Dios se puede vencerlos, (ah, no) no digo las religiones, que no pueden hacer nada, (lo sabía) todo, es a base de esfuerzo humano, lo de Dios, es poder con su espíritu, lo que pasa en el mundo, está a la vista de todos. (es irritante la pésima redacción, ni siquiera sé que chiste hacer) Se puede solucionar los problemas en el país, pero no de esta manera, ya que los políticos solo piensan en las elecciones del 2017, (bueno, no imagino a un bloque de diputados presentando un proyecto de ley para combatir a LOS ESPIRITUS INMATERIALES Y MALIGNOS QUE PROVOCAN LA VIOLENCIA DE GENERO) esto se soluciona, solo con el poder de Dios. (Si Dios atiende, eso sí, aunque esto de Dios y los espíritus del mal que generan corrupción entre los hombres me hace acordar a una película, una de Carpenter y anteojos negros)

Rafa, no quería burlarme de vos, pero no sirve de nada ser bueno en este mundo hostil. Si quieren leer otras reflexiones de nuestro amigo Rafael Bareiro, aquí su página de Face:

martes, 6 de diciembre de 2016

Cangrejos

Manuel salió del departamento en el único minuto que no llovía. Las nubes se apoderaban del cielo con total parsimonia. No eran muchas cuadras y, con el paraguas azul en la mano, imaginó que sería un recorrido tranquilo. Recordó una idea que tuvo en esos días para un programa de televisión; era para una serie de cámaras ocultas, tipo Disaster Date o esa clase de porquerías de MTV. Pero el concepto era un poco retorcido. La reflexión era la siguiente: si para realizar una humorada era necesario construir un contexto que la contuviera, entonces, para que la broma sea imposible de vislumbrar y absolutamente efectiva, había que estirar esa atmosfera, ese entre, como se dice habitualmente, hasta límites insospechados. Por caso, establecer una relación, casarse, tener hijos, adquirir un crédito hipotecario, sostener un matrimonio por veinte años, todo para, en el momento oportuno, jugar una estúpida broma y confesar que todo no era más que un engaño, un elaborado truco para rellenar un espacio televisivo. Se llamaría “Lo planeé durante años”. El principal escollo sería el presupuesto, dado que los productores televisivos verían como un gasto excesivo y a largo plazo la realización del programa. En todas estas cosas pensaba, cuando una lluvia helada y furibunda le comenzó a caer encima. Abrió el paraguas y se dispuso a continuar con sus cavilaciones, pero el viento se lo impedía. La tela azul volaba, como si quisiera huir pertinazmente del esqueleto de plástico. Debía reacomodar los pitutos marrones en las costillas del paraguas para poder seguir usándolo, pero se empapaba cada vez que lo hacía, aun cuando buscara un techo, dada la inusitada violencia del temporal. Fue a buscar a Magaly a la parada y la encontró hecha sopa; los dos apenas se podían refugiar debajo del paraguas.
-Me quedé conversando con una chica en la parada.
Manuel a veces se dispersaba cuando ella hablaba; sentía que debía realizar un gran esfuerzo para seguirla. En muchas oportunidades, sucumbía a sus fantasías.
-Entonces, me comentó que tenía un amor mal sano por el padre- relató Magaly.
-¿Quién? ¿la chica de la parada?
-No, no, ¿Cómo me va a contar eso la chica de la parada?
-Qué se yo, la gente se siente tan sola…
-No, bola, la gordilla que estaba el otro día en el asado.
-Ah, claro.
-Que está repartible, te digo.
Manuel nunca sabía que responder a esos comentarios, así que se limitó a sonreír. Caminaron en silencio unos metros. Ya casi estaban llegando a la editorial. Magaly le había conseguido una reunión con una gente que estaba dispuesta a publicarle su novela; ella iría como su representante y lo ayudaría a hablar.
-¿Te acordás el numero?
-235
-Acá es, igual tiene un cartel.
-Sí, tiene un cartel.
-Pero dijiste que era una casa.
-Sí, una casa con un cartel.
Los recibió un hombre de mediana edad, calvo, que se presentó como Nicolás y los invitó a pasar. El garaje era una pequeña cascada, dada la bajada del agua.
-Ese no es nuestro problema- comentó el hombre.
Ingresaron a una oficina bastante amplia, con una tenue luz ámbar y papeles por todas partes. Se sentaron los tres y hubo un silencio algo incómodo.
-Que buena película- dijo Nicolás, señalando la remera de Manuel.
Él se quedó callado, porque no sabía que responder cuando le decían eso. En todo caso, comenzaron a charlar sobre la novela en cuestión. Primero, encarando la parte operativa, de costos, modos de trabajo.
-Las cuestiones de corrección están a cargo de mi socio, Sergio, que ahora no está, pero es él el que lee todo a fondo.
Después le preguntó a Manuel de que iba la novela. Lo pensó durante unos segundos.
-Hay dos personajes, Alejandro y Fermín, que tienen una conexión, aunque durante la trama no se sabe cuál es, son amigos, pero nunca están juntos en la narración. Es difícil de contar, porque son dos historias paralelas que no parecen tener relación entre sí, pero finalmente se conectan. Alejandro es un personaje joven, melancólico, que siempre está fantaseando, un poco triste, un poco en su mundo. Bueno, él se enamora de una chica nueva en el barrio, Verónica, que medio lo histeriquea, medio no, y Alejandro se enrosca en un montón de cavilaciones y eso. Fermín, por otra parte, es un personaje que…
-Bueno, ahí llega Sergio justo.
Un hombre delgado y un poco encorvado ingresó a la oficina. Los saludó con cordialidad y se sentó.
-Me estaba contando la trama de su novela- dijo Nicolás.
-No, pero deja, no es necesario- respondió Sergio- después la voy a ir leyendo y ya la charlaremos.
-Bueno, bueno.
-Bien, entonces, ¿están adentro?
Manuel la miró a Magaly, que asentía con la cabeza.
-Ella es mi representante- comentó- sí, sí, estamos adentro.
Se dieron las manos y volvieron a la calle. Caminaron rumbo a 7, rodeados de silencio. La lluvia había cesado; ahora, una brisa fresca los envolvía.
-Para mí son pareja- dijo Manuel.
-¿Por qué siempre estas llevando todo a lo sexual?
-Vos me hiciste así, vos me hiciste ver eso.
Largaron una carcajada, mientras esquivaban algunos charcos.
-¿Sabés?- Manuel la miró de costado- tengo ganas de volver a Cine.
-Ah, bien, bien, la querés poner, me parece.
-¿Ves? Es lo que acabo de decirte, vos llevás todo para ahí.
Volvieron a reírse. Manuel no sabía si estar contento o no, con la decisión de editar la novela. Por un lado, le parecía un gran paso, y era natural estar entusiasmado. Pero por otro, sentía un enorme vacío en el pecho, como si nada pudiera satisfacerlo. Además, no era sólo el inicio de algo importante, también era abrir la puerta a un mundo de miedos, inseguridades y exposiciones que lo ponía muy nervioso. Magaly lo sacó de su cabeza.
-¿Qué pensás?

-En que cuando alguien ve a una persona pobre en bicicleta piensa Albañil, Hippie, Ecologista, Deportista, en cambio, cuando ve a una persona pobre en moto piensa Delincuente, Drogadicto, Peronista. ¿Entendes lo que digo? Es un pecado que el pobre ascienda materialmente.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Una forma elegante de decir moda.

¿Cómo puede ser que el Barsa se esté ubicando, lentamente, entre las cosas decepcionantes de mi vida? ¿Cómo puede ser que algo que, antes, representaba un momento de sosiego y tranquilidad frente a la hostilidad del mundo, ahora sea un escenario más de catástrofe? ¿Cómo puede ser que aquello que antes nos otorgaba un respiro de placer y belleza ahora se convierta en territorio del sufrimiento y los complejos? ¿Cómo puede ser que, uno a cero arriba y con todo controlado, estemos pidiendo la hora, reclamando pelotazos a la tribuna o anhelando la construcción de una muralla de concreto en la línea del arco de Ter Stegen? ¿Cómo puede ser que se haya perdido completamente todo estilo o recato o que, en el mejor de los casos, el estilo este en duda? ¿Cómo puede ser que Messi no desequilibre y sufra también el naufragio? ¿Cómo puede ser que el propio Guardiola sufra el desarraigo? Tal vez fue sólo un momento, un instante de entrecruzamientos únicos, imposibles, irrepetibles, lo que nos permitieron ser testigos de uno de los mejores equipos de la historia. Quién sabe. Los fanáticos del Aleti o de Mou, de parabienes. No importa. Sostengo lo mismo de siempre: no se puede vivir sin poesía. Nuestro torneo, el interno, sigue doliendo. Hoy casi no hubo comentarios, supongo que por la vergüenza. Uno de los rivales, según dicen, juega en Comunidad Rural, un equipo de la liga platense. Hay una queja pequeña; no se deberían permitir jugadores federados. Tal vez la próxima debamos hacer la gran Burns y contratar jugadores profesionales. Más allá de eso, el viernes encontré un pintor en plena calle; en realidad, vi cómo se le caía al chico, que venía en moto con la madre. No pude dárselo en ese momento, pero sabía quién era y donde vivía. Hoy se lo alcancé a la casa; me dijo que menos mal se lo llevé porque era el único que tenía. Cambiando de tema, no hay que dejarse llevar por la vanguardia y eso. Mire, decir vanguardia es una forma académica y elegante de decir moda; y la cosa con la moda es así. La moda es algo que da vueltas a la manzana; correr detrás de ella es inútil y desgastante, dado que siempre se está moviendo. No, lo que hay que hacer es pararse en una esquina y esperar a que la moda pase por allí. En algún momento va a pasar, aunque tampoco hay que confiarse. Por ahí, cuando la moda está veinte metros de nuestra esquina, un taxista totalmente pasado se sube a la vereda y nos aplasta. Y la moda llegará cuando no estemos para exprimirla.

domingo, 4 de diciembre de 2016

El aire fresco de los árboles

Todas las mañanas, el piso de la cocina amanece regado de cucarachas muertas. La mayoría dadas vueltas, algunas partidas, otras que mueven una extremidad en un último estertor. El personaje las barre pacientemente. Son cucarachas gordas y negras, que parecieran estar demasiado pesadas para moverse, que parecieran morir por tanto comer. En una ocasión, una mañana que madrugó antes de tiempo, pudo observar como una particularmente gorda y negra se arrastraba, agónica, por entre los cerámicos blancos del suelo; el insecto caminó varios pasos, como si su propio cuerpo le pesara, como si no pudiera con el propio volumen de su existencia. La cucaracha se deslizó hasta quedar quieta a centímetros de la heladera; el personaje se acercó y, cuando lo hizo, ella se movió, intentando blandir estéril defensa. La pisó, para luego barrerla junto a los otras. El ritual se repite todas las mañanas, inevitable. Probó con toda clase de limpiezas, pero todas resultaron igual de inútiles. Desinfectó con poderosos químicos cada rincón de la cocina, la mesada, el bajo mesada, las alacenas, los estantes, los cajones, la heladera, el horno; no quedó rincón de la casa sin fumigar. No hubo caso, todas las mañanas el piso de la cocina amanece regado de cucarachas muertas. El personaje supone que es por el verano, los primeros calores, conjeturas naturales. No le sorprende verlas por la calle, paseando sin temor por la vereda, padeciendo el aire fresco de los árboles; supone que pertenecen a otras casas, a otras familias de cucarachas. Si puede, las pisa sin piedad y con altruismo, convencido de estar haciendo un bien a la comunidad. Menos aún se sorprende cuando encuentra algunos cadáveres en otras habitaciones o en el baño; supone que, a veces, logran arrastrarse más allá de la cocina. Las barre con escrupulosa eficiencia, sin preocuparse demasiado por el asunto. Lejos está de imaginar la verdad. No sabe que, en el bajo mesada, hay un pequeño cerámico que no está adherido al suelo. A simple vista parece, sí, ser parte de un todo solido e impenetrable. Pero en realidad esta suelto. De él, surgen las cucarachas todas las madrugadas. Vienen por una tubería desde donde se ocultan. Aun no tienen la fuerza suficiente para sobrevivir en la superficie. Pero de a poco se van acomodando. El personaje no sospecha lo que ocurre en realidad, no puede ver más allá de lo evidente. Cuando comprenda la situación, ya habrá sido demasiado tarde.

sábado, 3 de diciembre de 2016

¿Cuándo viste un conejo con anteojos?

Desde la ventana, apenas abierta, se escapa la frase. Hablaban de otra cosa, pero sin saber el contexto, es rara, muy rara. “¿Cuándo viste un conejo con anteojos?” dice la voz de un hombre. Nadie se ríe, por lo que supongo que no era una analogía sarcástica. Se ve que conversaban sobre un tema serio. Antes del partido de ayer, recordaban algunas ocurrencias de borrachos. “El tipo éste te decía que cazaba liebres con la mano; decía que él ponía un ladrillo con pimienta arriba y, como la liebre es curiosa, se acerca a oler, al hacerlo, estornuda, al estornudar, se la da la cabeza contra el ladrillo y al darse la cabeza contra el ladrillo, se muere. Entonces, ahí vas y la agarras con la mano. También decía que pescaba sin caña; tiraba aceitunas negras con carozo al río y, cuando el pez asomaba la cabeza para escupir el carozo, lo agarraba”. Del partido en sí, mejor no hablar. No recuerdo jugar tan mal en mi vida y, aclaro, no soy bueno. Pero no es el talento de lo que hablo. Hablo de tener cierta idea de qué hacer dentro de la cancha. Un desastre. Clemente, me gritaban. En el entretiempo, el Paisa pasó al arco y yo fui a jugar; me dice, entonces, Ale, tenes los mismos guantes que el otro arquero, Sí, le respondí, pero los míos vinieron fallados, me parece. Creo que me voy a retirar del fútbol. Realmente, estar parado, ver que viene la pelota y no saber qué hacer. No, eso no. Parecía que nunca hubiera jugado. La duda es fatal; voy o vengo, salgo o me quedo. La duda, tan útil en actividades intelectuales, es fatal dentro de la cancha. El jugador debe arrojarse al partido, no reflexionar, actuar, leer la situación, tomar una decisión y ejecutarla. Si ese designio no se cumple, el resultado puede ser de catástrofe. Como el de ayer. Después, nos embriagamos, nos emborrachamos, nos mamamos. Póngale el nombre que quieran. Con Palermo tibia, para colmo. Según el Flaco, te transformas en lobo después de tomar un vaso. Y más o menos, te digo. De todos modos, el espíritu del equipo estaba por el suelo. Tal vez esto no sea para mí, tal vez me estoy engañando. Tal vez pienso demasiado en idioteces. Hoy, aun bajoneado, me levanté. La gata se paró al lado de la puerta con atención; entendí que debía abrirle. Cuando lo hice, ella dio un salto hacia fuera y escuché un graznido. Me asomé y la vi agachada, en actitud de ataque; se dio media vuelta y vino caminando hacia mí con un gorrión en la boca. Un gorrioncito, era un pichón. Jugueteó un rato y después se lo comió. Lo primero que devoró fue su cabecita, luego le abrió el pecho y se dejó ver una mancha roja entre las plumas grisáceas. Una vez terminada la faena, se acostó al sol, con mirada altanera, como si fuera un puma. 

jueves, 1 de diciembre de 2016

De la vez esa que soñé con vos.

“Por mí, hacé lo que quieras”: forma elegante que tiene una mujer de decir “O hacés lo que te digo o se pudre todo en serio”. Otras acepciones: “Vos sabés lo que tenes que hacer”, “No me importa lo que hagas”.
Extracto del Manual para el Hombre Idiota de Hoy.


Hay algo que, al final, tanto ir y venir, tanto esto y aquello, nunca te conté. De la vez esa que soñé con vos. Me quedó en el tintero. Qué se yo, supongo que hay tanta tensión, tanta incomodidad, tantas palabras que no se dicen, que estas cosas parecen banales. Pero, discúlpame por esto, tengo que contarlo. Un poco se me borró, algunas sensaciones al menos. Pasó mucho tiempo de esto. O no tanto, pero para recordar un sueño, es mucho. De lo primero que me acuerdo es de estar en una casa que no reconocía; o al menos no a primera vista. Era un lugar mal iluminado, con muchas ornamentaciones de madera, con manchones negros y amarillos en las esquinas de las paredes. Estaba en una especie de comedor y, desde allí, veía la cocina, en donde un hombre pequeño y calvo realizaba alguna tarea indescifrable para mí. Escuche tu voz, que provenía del patio. Caminé hacia allí y me di cuenta que, en realidad, vos estabas en la puerta, lista para irte a la facultad. Lo único que te frenaba era la lluvia; una tormenta de agua y viento se había desatado de un momento para otro, sin que nos percatáramos. Vos estabas ahí, subida a tu bicicleta, esperando a que amaine. Me causó gracia el detalle de la bici, dado el miedo que les tenes. Me acerqué y te ofrecí ayuda, aunque no sabía qué clase de ayuda podía brindarte. Recordé que había un paraguas y una capa de lluvia en mi pieza; me ofrecí a traértelos y tu gesto fue un poco despreciativo, como si no te interesara demasiado la idea. Tuve que insistirte para que aceptes mi ayuda. Finalmente, luego de rogarte que me esperes, subí las escaleras hacia mi cuarto. Vos te quedaste hablando con un chico alto y era el sonido de tu voz lo que me calmaba la ansiedad de la escalada. Antes de llegar a la habitación, había una ventana desde la cual se veían los nubarrones y el agua golpear. El chico alto con el que vos hablabas estaba allí, del lado de afuera, sonriendo y haciéndome un gesto con la mano; no lo comprendí, por lo que subí la última escalera hasta mi pieza. Cuando entré, las ventanas estaban abiertas; la lluvia y las ramas de los árboles habían entrado con violencia. La cama, la silla, los libros, la ropa, todo estaba empapándose. Como podía ayudarte a que no te mojes yo, justo yo, que estoy todo inundado. Divisé el paraguas y la capa de lluvia; los tomé junto a otras prendas y comencé a bajar. Las escaleras que salían de mi habitación se habían convertido en una pequeña cascada, por lo cual debía pisar con extremo cuidado. Como pude, sin mirar los escalones por momentos, bajé; cuando llegué, y estaba por dártelas, me di cuenta que no tenía ninguna de las dos cosas que había ido a buscar. Tu voz seguía sonando de fondo, por lo que entendí que, todavía, tenía chances de complacerte. Emprendí, un poco más angustiado, otra escalada. Ahora, las cosas no eran tan sencillas. Las escaleras habían adquirido unas enormes barandas de madera que, de sólo apoyarte en ellas, se partían. Además, los escalones ya no estaban adheridos al suelo. Ahora, estaban en el aire. Y a medida que subía, tanto los escalones como las barandas, se hacían más inestables y más frágiles. La dificultad no estribaba ahí únicamente. Había una reja de madera cada vez que subía un piso y debía pasar a otra escalera; para lograr mi cometido, tenía que meterme por un pequeño agujero, lo cual lograba hacer con enorme esfuerzo. Antes de la última escalera, cuando ya estaba por llegar a la pieza, me quedé atascado. No pude seguir. Escucho tu voz a lo lejos. Aun estás allí, esperando. Y yo que no puedo salir de este atolladero. Me angustió, me muevo. Es todo. Me despierto con algún calambre. Supongo que así me siento, a veces, cuando estoy con vos. No sé para qué te cuento esto. Si creo que ni siquiera te importa.